01Señor sí señor
Al principio me veía como un traductor entre lo que pedía la gente y el código. Traducía literal y no cuestionaba nada; cuanto menos supiera del asunto, mejor. Si aquello salía mal, me lavaba las manos: hice exactamente lo que me pidieron.
Debajo había una suposición que nunca revisé, y es que quien pedía no se equivocaba. Sí se equivocaba, y más de una vez abrir la boca y cuestionar algo nos llevó a una solución mejor. Hoy me tienen que convencer de que esa es la solución adecuada.
Me niego a construir un puente que nadie se ha preocupado de que no se caiga.
Lo otro lo veo en mucha gente, también en dirección: ejecutar sin cargar con la decisión de qué se hace y cómo. Ahí entendí qué vende en realidad la consultoría, y es responsabilidad. El directivo la delega; si la cosa falla, señala a la consultora, y la consultora responde que hizo lo que le pidieron.
Nadie quiere asumir el riesgo, y por eso quien lo asume es el que aporta valor.



